Para que exista fuego se necesitan tres elementos: combustible, oxígeno
y calor. Si uno de estos desaparece el fuego se extinguirá. El agua absorbe el
calor para pasar de su estado líquido al gaseoso y por eso lo apaga.
Se llama comúnmente combustible a aquellas sustancias, como la
gasolina, que arden con temperaturas relativamente bajas.
Recordemos lo que sucede cuando ponemos una tetera con agua en el fuego
de la cocina. En los primeros momentos, el agua está fría y líquida. Al cabo de
un rato, comienza a calentarse. Cuando finalmente empieza a hervir, se
desprende vapor de agua (que en algunas teteras hace sonar un pito). Esto
quiere decir que el agua ha pasado del estado líquido inicial al estado
gaseoso.
Pero hay una cosa interesante: el metal de la tetera estará caliente,
pero no demasiado. ¿Qué sucedería, en cambio, si no apagamos el fuego y dejamos
que toda el agua se convierta en vapor? Al cabo de un rato, la tetera estaría
seca y su metal se iría calentando hasta fundirse. Lo anterior nos permite
sacar una conclusión: el agua absorbe calor para pasar del estado líquido al
gaseoso. En efecto, el calor hace que sus moléculas se muevan cada vez más
rápido, y se distancien unas de otras, formando entonces un gas, que se llama
vapor de agua.
1. Combustible. Hay sustancias que se queman con poca temperatura
y otras requieren temperaturas más elevadas. Por lo común, llamamos
"combustibles" a aquellas sustancias, como la gasolina, que arden con
temperaturas relativamente bajas, pero todas las sustancias pueden ser
consideradas como combustible si se les aplica suficiente calor.
2. Oxígeno. El fuego es un fenómeno en el cual las sustancias
reaccionan con el oxígeno con mucha rapidez. Recordemos que oxígeno hay
prácticamente en todas partes (si no fuera así, no podríamos respirar).
3. Calor. Para que el fuego se inicie, tiene que haber
suficiente calor como para que el combustible pueda comenzar a reaccionar con
el oxígeno. Una vez que el fuego comienza, el calor que esto produce permite
que más combustible se una con el oxígeno. El fuego produce más fuego, y esto
seguirá hasta que se acabe el combustible o el oxígeno (lo que podría pasar si
el fuego comienza en un lugar herméticamente cerrado).
Pero hay otra posibilidad de impedir que el fuego continúe, y esa consiste
en disminuir el calor, de modo que el combustible no pueda seguir reaccionando
con el oxígeno. Aquí entra la experiencia de la tetera. Si lanzamos agua al
fuego, el agua pasará rápidamente del estado líquido al estado gaseoso, y al
hacerlo absorberá calor, con lo que se logra detener la reacción entre el
combustible y el oxígeno.
Los bomberos aplican esta idea al combatir los incendios. En algunos
casos, usan unos pitones especiales en sus mangueras, que lanzan el agua en
forma de neblina (es decir, como gotitas muy pequeñas), con lo cual facilitan
que el agua se convierta en vapor, lo que permite absorber más rápidamente el
calor.
En recintos cerrados, el agua tiene otra ventaja: al convertirse en
vapor, ocupa mucho más espacio (para ser exactos, aumenta su volumen en 1.700
veces). Por esto, el vapor desplazará el oxígeno del lugar, y con ello el fuego
tampoco podrá continuar.

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